martes, 31 de enero de 2023

Atajo de sabiduría 2: Abandono de la gran política

 

Por: Jorge Benítez Hurtado

 

Hay que diferenciar la politiké de la politeia. La primera es la política real (realpolitik), entendida como técnica, con un gran predominio de la astucia (al mejor estilo de Maquiavelo); pivota en torno al institucionalismo jerárquico o la gobernabilidad centralista estatal; utiliza las políticas de estado y de gobierno para conseguir fines espurios y mantener el desorden establecido, es decir, el sufrimiento y dolor de las gentes; hábilmente consigue votos, adeptos o simpatizantes, y para ello se sirve del marketing político (horribile dictum), el manejo de medios, reforma de leyes, entre otros; reduce la política a temas ideológicos hacia la lucha por el poder, o mejor aún el poderío, para alcanzar y conservarlo a como dé lugar; a la politiké la podemos resumir en necropolítica (necros = muerte, política de muerte). En cambio, la politeia es una política que le interesa la vida, preocupada por la construcción de una sociedad civil desde abajo, utiliza la auto-organización de las comunidades, que no la administración ni la representación; incentiva la cooperación, la ayuda mutua, la eusocialidad; a la politeia la resumimos como biopolítica (donde la vida es el centro y la política es un sufijo). Es momento de pensar una política no indiferente del estado, pero si independiente. Para los interesados en la politiké debo decirles, parafraseando a Goethe, que esta es la representación de mefistófeles y como bien sabemos el diablo siempre paga mal a sus devotos. Frente al abandono de la gran política entendida como politeia, nuestro compromiso es retomarla, pero para eso hay que pasar de la realpolitik a la posiblepolitik, no es difícil.  

Atajo de sabiduría 1: Magister

 Por: Jorge Benítez Hurtado

 

Está de moda cursar estudios de maestría en las universidades y para aquellos que están cursando o ya obtuvieron el título va dedicado este artículo. Han de saber los magister que esta palabra proviene de magis, es decir, el que ayuda a ser más y solamente puede serlo el minister, de minus, el que se hace menos, servidor. Magister es el que con prontitud y agrado acude a mi solicitud, no después; quien me da la mano, no desde arriba; quien comparte lo suyo y a la vez me proporciona la caña de pescar; quien respeta mi libertad, pero no se sitúa demasiado lejos, en definitiva, el magisterio es ministerio. Tres son las funciones del magister: nutritio, instructio, auctoritas. El maestro debe nutrir a sus discentes; hoy todavía los maestros de tres cuartas partes del mundo dan algo de comer a sus alumnos pobres antes de enseñarles y nutren de afectividad a niños cuyos padres apenas dedican tiempo a estar con sus propios hijos.  El maestro debe instruir (de instru-ire, intro-ducirse) ayudar a leer la realidad desde su raíz, es decir, radicalmente. ¿Cuántas facultades de ciencias económicas, administración de empresas y de derecho hay en el mundo? ¡Cuantos más economistas y empresarios, más hambre y menos trabajo en el mundo! ¡Cuantos más abogados menos justicia! ¿Por qué? Porque no hay instructio, que no implica ser erudito (eruditio, de erudiscere, rascar la mera corteza). En fin, el maestro debe ser autoridad, del verbo augeo, elevación, quien eleva, hace crecer, madurar; auxi, quien me auxilia y ayuda; auctum, quien es autor y responsable de sus propias autorías sin culpar a nadie.